Ya lo decía Hipócrates hace más de 2.000 años. El padre de la medicina moderna observó que un pueblo nómada que vivía al norte del Mar Negro (los escitios) sufría con mucha frecuencia el mismo problema. "El traqueteo constante sobre sus caballos les incapacita para el coito, una gran mayoría se vuelve impotente. Este trastorno afecta a los escitios ricos a causa de la equitación y no a las clases bajas... Los pobres, que no montan, lo padecen con menos frecuencia", escribía el médico griego en el siglo V antes de Cristo. Hoy en día, este trastorno también parece amenazar a los usuarios de otro medio de transporte más moderno: la bicicleta.
Hasta hace algunos años, la relación entre el ciclismo y la disfunción eréctil era una mera hipótesis. Pero esta asociación ha ido ganando peso. La literatura científica y la propia anatomía del varón -quien, al montar sobre el sillín, ejerce presión sobre los nervios y vasos sanguíneos de la entrepierna que se dirigen hacia el pene- respaldan la teoría. También la práctica clínica. Los expertos españoles ya están viendo algunos casos de hombres impotentes sin otro factor de riesgo más que haber practicado este deporte. Asimismo, se está convirtiendo en una pregunta obligada a los pacientes que acuden a la consulta aquejados de disfunción eréctil. "Si se encuentra a un chico joven y con gran dedicación al ciclismo, es un factor que hay que considerar" señala Íñigo Sáenz de Tejada, andrólogo del Servicio de Urología de la Clínica Ruber Internacional, si bien este experto aclara que este tipo de casos "son muy poco frecuentes". Y, aunque no existen datos concluyentes al respecto, tampoco la incidencia del trastorno entre ciclistas -ya sean profesionales o amateurs- es más elevada que entre la población general. De hecho, el sedentarismo y sus consecuencias también son factores de riesgo asociados a este trastorno andrológico.
Fuente: EL Mundo (Enero 2003)

