Autora: Lic. Elda Bartolucci
Que una disfunción sexual trae aparejado un alto nivel de sufrimiento para quien la padece y para su pareja, si la tiene, es algo conocido y comprobable.
En la consulta sexológica se verifica permanentemente esta realidad ya que todos los pacientes que consultan por alguna de ellas, en mayor o menor medida hacen referencia a este nivel de sufrimiento y en algunos casos el tema se transforma en una obsesión. Hay algunas personas que no pueden dejar de pensar en su “falla” a ninguna hora del día: el tema se transforma en un pensamiento obsesivo, tipo “disco rayado”.
Este tipo de paciente es el que está más expuesto a padecer lo que yo llamo “Efecto dominó de la disfunción sexual”.
El mencionado fenómeno se define cuando podemos diagnosticar más de una disfunción sexual en la entrevista diagnóstica y especialmente cuando indagando en el tiempo, el paciente nos relata que fueron las mismas apareciendo de a una.
Este fenómeno lo he podido observar con mayor frecuencia en varones que en las mujeres que me consultan.
Por ejemplo: si el paciente menciona haber iniciado su camino disfuncional por al impotencia erectiva, un tiempo después sufre de eyaculación precoz, y finalmente termina padeciendo Deseo Sexual Inhibido o Hipoactivo, ( DSI) con una notoria disminución del deseo y de la frecuencia sexual.
El problema es muy simple y se explica de la siguiente manera: cuando se padece una disfunción sexual tan angustiante para el varón como la Impotencia, que produce la imposibilidad penetrar u mantener una relación sexual, el nivel de dolor, ansiedad y culpa, hace que inconscientemente la persona intente escapar de la situación.
¡Y qué mejor manera de escapar que terminando rápido la relación!
Allí aparece la eyaculación precoz como un alivio a veces para poder terminar el encuentro que ha sido cuando menos duro y estresante. Y finalmente, después de un tiempo, el varón pierde o disminuye notoriamente su deseo sexual.
Este proceso es absolutamente normal y entendible, ya que la pérdida del deseo es un lógico mecanismo de defensa de nuestro inconsciente para evitar el sufrimiento
Y así se lo explico a los consultantes: usando un ejemplo de la vida cotidiana: uno va a comer a un restaurante; el lugar no es demasiado cómodo, la comida tarda en llegar, no es rica y encima es cara, nos atiende mal el mozo, y además tardan un montón de tiempo en traer la cuenta: todo esto hace que uno tenga ganas de irse cuanto antes, cuando en realidad, una cena en un restaurante es una ocasión para disfrutar y cuando lo pasamos bien no tenemos ganas de irnos.
La pregunta que les hago es: ¿ustedes van a volver a ese restaurante? Obviamente el restaurante representa a la relación sexual. Y esto es lo que nos pasa cuando hacemos el amor gratamente: el deseo de la próxima relación sexual, se enciende con el recuerdo de la última.
En el efecto dominó de las disfunciones sexuales pasa y a la manera de una obra de teatro pasa más o menos esto:
- Acto 1: la pareja tiene deseo sexual, intenta la erección y ésta se niega a aparecer rápida y satisfactoriamente: ambos comienzan a sufrir, sobre todo si esto ya ha pasado muchas veces antes.
- Acto 2: se produce una erección débil, se penetra como se puede y con miedo a perderla; (ambos están más pendientes de la dureza del pene que del placer de estar juntos). Esta situación hace que él eyacule precozmente y termina la relación, haya llegado ella al orgasmo o no.
- Acto 3: entonces la pareja se separa, la mayoría de las veces sin hablar, él, ella o ambos van al baño y al volver, se habla de otra cosa: la pareja hace un pacto de silencio nefasto para no agredirse mutuamente y con el objetivo incorrectamente noble de no dañar la relación. Y fantaseando que la próxima vez saldrá mejor, se distraen hablando de otra cosa.
- Fin de la obra: cada vez se buscan menos en la cama
- Epílogo feliz: deciden hablar, buscar una solución y hacen la consulta al profesional.

