Adolescencia
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Adolescencia

Autora: Lic. Elda Bartolucci


La adolescencia es un período evolutivo que se caracteriza por presentar intensas modificaciones corporales, psicológicas y sociales, siendo una fase intermedia entre la niñez dependiente y la autonomía adulta. En nuestra cultura tiene su inicio aproximadamente a los 12 años y se extiende, también en términos aproximativos, hasta los veinte. Su extensión cronológica presenta notorias variaciones culturales ya que depende en gran parte de la situación sociocultural en que esté inserto el adolescente. En algunas culturas primitivas casi no existe y lo mismo ocurre en nuestras zonas o provincias más marginadas o pobres. En cambio en ambientes más pudientes y cosmopolitas, la sobreprotección genera un alargamiento de la adolescencia casi hasta los 30 años.

En algunas civilizaciones primitivas la adolescencia queda consagrada mediante los ritos de iniciación que permiten el acceso al carácter de adulto, obviando de esta manera el "padecer" adolescente occidental. En nuestra cultura , la carencia de tales ritos obligan al adolescente a afirmarse en los planos social, afectivo y sexual. Especialmente en este plano, el joven se ve sometido a la "moratoria sexual", aquella que le exige una demora en la concreción de su vida sexual, ya que aún cuando su cuerpo está preparado para la reproducción, su maduración psicológica y social no acompaña este proceso.


Las fases de la adolescencia


Martín y Madrid dividen a la adolescencia en tres períodos, los que no están separados claramente e incluso habitualmente se superponen. Pero esta subdivisión nos permite observar, clasificar y ordenar el material evolutivo. Estas etapas son:


1. La pubertad ó primera adolescencia (10 a 14 años)

La pubescencia consiste en aquellas transformaciones anatómicas y fisiológicas que llevan al individuo a la transformación adulta. En la niña, la menarca y en el niño, la primera polución son los signos físicos que, junto a la aparición del vello corporal y pubiano y a la depositación de las grasas en distintas zonas, indican que el proceso de cambio está instalado. Es importante señalar la necesidad de informar y preparar a los jóvenes por anticipado de estos cambios, a los efectos de atenuar el impacto de los mismos, como así también de desmitificar las viejas ideas que asociaban la menstruación con la idea de enfermedad e impureza.

Se caracteriza por:

* La polarización de los impulsos, que son comandados por lo genital y los cambios en los caracteres sexuales secundarios.

* La reorganización emocional dentro de un profundo caos.

* Los intentos repetidos de separación de los objetos primarios de amor ( padres y familia) con sus correspondientes procesos de duelos.

* Una cantidad de libido flotante, que no tiene dónde dirigirse

* Un intento de organización psíquica a través de los mecanismos de defensa del Yo, alternado con momentos de confusión y desorientación


Los cambios biológicos son tan abrumadores y la inundación emocional es tan intensa, que habitualmente uno de los mecanismos de defensa en esta etapa es el ensimismamiento, como reacción ante el peligro fantaseado de los cambios que lo descolocan .

2. La adolescencia media (14 a 16-17 años)


Incitados por los cambios biológicos, en este momento, la mayoría de los adolescentes dan un paso decisivo hacia la heterosexualidad, inicialmente muy difusa y promiscua.

Si en la pubertad el acento está puesto en el irrumpir de los procesos biológicos, en esta etapa el énfasis está en lo psíquico, en lo emocional y afectivo, en el mundo de las ideas y los valores éticos e intelectuales.

Se produce la renuncia decisiva e irreversible de la figura del padre del sexo opuesto como objeto incestuoso; el corte y la discriminación de ambos como modelos y la autoconcentración y el descubrimiento de experiencias internas, entre las que pueden aparecer sentimientos de mística o procesos de militancia política ideológicos.

Es la búsqueda de la propia identidad, con todas las restructuraciones y desprendimientos que implica. También con todas las marchas y contramarchas que suponen el atravesar etapas decisivas y la toma de decisiones importantes.

Esta identidad nueva del sentir, pensar y actuar por sí mismo se distanciará mucho del mundo adulto conocido, y buscará apoyo y comprensión en otros. Especialmente en sus pares, lo que dará origen al fenómeno grupal típico de la adolescencia, como es la uniformidad de estilos desde las vestimentas, las modas y modismos característicos y exclusivos.

En lo sexual el signo patognómico es el pasaje del autoerotismo a la heterosexualidad ( o la homosexualidad), fenómeno que habitualmente se da entre individuos del mismo grupo o barra. Eligen dentro de sus grupos de pertenencia, ya que aún no se animan a salir al extragrupo para buscar pareja. El miedo más grande a lo desconocido puede expresarse con conductas homosexuales, que significa un autoencierro a nivel grupal y la imposibilidad de pasar a la complementación de la diferencia. No debemos confundir estas confusiones de la identidad sexual con actos homosexuales de exploración con homosexualidad propiamente dicha.


3. La adolescencia resolutiva (desde los 16 años)

Si el adolescente ha transitado normalmente las etapas anteriores, en esta fase se encuentra en condiciones de afrontar sus grandes opciones.

Sus elecciones más importantes son la vocacional y la afectiva. La profesional está íntimamente relacionada con la inserción en el mundo y la afectiva está ligada con la intimidad y la sexualidad.

Para poder acceder a estas elecciones es necesario consolidar una personalidad, una estructura psíquica estable, serena, con capacidad de opción, no quedar atrapado en miedos y una vez hechas las opciones, asumir con responsabilidad lo elegido, renunciando maduramente a todas las otras opciones que se han desechado.

Es necesario un nivel mínimo de autoestima y autoconfianza básicos para sustentar estas elecciones, que serán decisivas por el resto de sus vidas.

Como es de suponer, este proceso no es simple, ya que en la actualidad existen grandes dificultades para lograr esa madurez afectiva.

En la esfera de lo afectivo-sexual es posible que se den como alternativas intermedias:

A ) Elecciones precipitadas, sin compromiso real.

B ) Actuaciones de pareja, sin asumir al otro y por consiguiente, sin proyectos.

C ) Miedo a elegir ( no elección).


Si no se desarrolla la personalidad afectivamente nos encontramos con jóvenes indecisos, frustrados, encerrados, que no pueden gozar ampliamente del amor y la pareja y que pueden tardar largos años en lograr la madurez necesaria para definirse afectivamente.

En el aspecto exclusivamente genital, encontramos que los adolescentes en esta fase practican tres tipos de relaciones sexuales:

Relaciones sexuales precoces

Se caracterizan por estar disociadas de la afectividad, son tenidas para satisfacer el impulso genital. En los varones se llega por impulso propio y por presión del ambiente social, y cumplen la función de autoafirmación de la virilidad.

En las chicas, la motivación puede ser propia, pero la doble moral imperante hace que sientan mucha culpa frente a sus impulsos eróticos, lo que hace que muchas veces accedan a la presión que ejerce sobre ellas el varón. En otros casos, hay una necesidad compulsiva de iniciarse sexualmente y de sacarse de encima la virginidad como si fuese una muestra vergonzosa de infantilidad.

Relaciones amateurs

Es una práctica caracterizada por la fantasía de prestarse un servicio mutuo, sin compromiso afectivo. Se basa en el ¨aquí y ahora¨, donde no importa demasiado el otro, lo que hace que no sea un buen aprendizaje para la intimidad, sino para la genitalidad. No implica entrega total y suelen ser relaciones de corta duración y muy frustrantes.


Relaciones pre-matrimoniales o de compromiso afectivo.

Se basan en sentimientos, lo que hace que resulten enriquecidas por la entrega que implican el amor o el afecto. Se toma al otro no como objeto sexual, sino como persona total y casi siempre incluyen un proyecto de vida, aunque éste no llegue a cristalizarse en la práctica. Es la clásica pareja de novios adolescentes, que viven su noviazgo como antesala del casamiento.

Colaboración: Lic. Luis María Aller Atucha

 

Un programa para adolescentes y jóvenes vinculado a su sexualidad, dentro del cual se encuentra el tema de los embarazos tempranos no planeados ni deseados, debería ser integral, entendiendo por integral no sólo la información anticonceptiva, sino también la preocupación de lograr para la sexualidad juvenil espacios sociales y culturales, es decir el reconocimiento de la existencia del hecho, y espacios físicos, ya que la mayoría de los coitos entre jóvenes se realizan en lugares sin la privacidad y la comodidad adecuada. Esto los lleva a iniciarse en forma poco placentera y culposa.

La búsqueda y creación de estos dos espacios implica asumir y defender el derecho a gozar de un sexo totalmente desvinculado de la reproducción. Es decir, un sexo que no esté necesariamente en concordancia con el "sexo oficial" . Este enfoque integral para programas de adolescentes y jóvenes, obligaría a entrar en terrenos que, tradicionalmente, los planificadores familiares y muchos educadores sexuales confesionalmente formados no dominan, como lo es el autoerotismo, la homosexualidad, la bisexualidad, las prácticas sexuales no coitales y las variantes de la conducta sexual.

El enfoque integral de la sexualidad juvenil debería permitirse abordar no sólo el tratamiento de ésos temas poco discutidos y relegados, sino que los programas deberían ser verdaderos propiciadores de una sexualidad sana, placentera y responsable.

Respecto a la creación de los espacios sociales y físicos, creemos que es una de las grandes frustraciones de los jóvenes.

Espacios sociales poco a pocos se van creando. Cada vez es más la aceptación de la iniciación coital temprana y el reconocimiento de su existencia, aunque no por eso se aligera la carga de culpa y señalamiento. Pero se ha avanzado muy poco respecto a la creación de espacios físicos.

Los jóvenes tienen relaciones coitales, por lo general, en lugares poco apropiados y carentes de comodidad y hasta de intimidad. Por investigaciones realizadas en Perú sabemos que más del 80% de los coitos juveniles se tienen apresuradamente en parques públicos o en baños de discotecas. Conversaciones con colegas que han estudiado el tema en Argentina nos confirman que algo muy similar está sucediendo en este país. No negamos que puede ser excitante y hasta exótico hacerlo alguna vez de ese modo, pero el ejercicio coital rutinario de esa manera debe ser frustraste.

La sociedad no se ha preocupado por saber dónde y cómo se producen los encuentros coitales de los jóvenes. Se cierran los ojos ante esta dura realidad. En algunos países, como Argentina y Brasil, donde la red de "moteles" o "albergues transitorios" está muy desarrollada, los jóvenes con aspecto de mayores (la Ley obliga que sean mayores de 18 años ) y que cuentan con el recurso económico adecuado, tienen esa posibilidad que les asegura comodidad y privacidad. Pero el problema subsiste para los que carecen de medios económicos y para los menores de 18 años.

La despreocupación de los adultos ante el problema y la poca motivación para buscar solución, hace que los jóvenes duden cuando nos acercamos a ellos con programas de educación sexual, ya que éstos han sido diseñados para solucionar el problema y las necesidades de los adultos, como lo es el embarazo precoz, pero no para hacer frente a las necesidades de ellos, como puede ser el derecho a una actividad sexual placentera aceptada por la sociedad.

Mientras la sociedad y los educadores sexuales juveniles mantengan esta actitud no creemos que podamos hablar de programas integrales; apenas estaremos haciendo, escudados en seudo programas educativos, actividades represoras. Creemos que los programas diseñados exclusivamente para evitar el embarazo están llamados al fracaso, lo mismo que los diseñados exclusivamente para "evitar" algo, sea ETS o SIDA.

Por otro lado, profundizando más en el tema, una sociedad que acepte el concepto integral de la sexualidad juvenil y la reconozca como legítima, debería facilitar, también, el espacio para su ejercicio, por ejemplo con descuento en los moteles para menores de 18 años, tal como en Brasil los estudiantes pagan "media entrada" en los cines, en lugar de prohibir su ingreso. También la arquitectura, que solucionó la intimidad de las relaciones realizada en los moteles y creo un nuevo concepto de "bienestar erótico" , debería buscar soluciones domésticas que faciliten el ejercicio de la sexualidad en la casa, con nuevos diseños de cuartos para los adolescentes, donde éstos pudieran tener una verdadera intimidad.

Una aproximación y propuesta metodológica

La juventud es un período importantísimo la vida y tal vez sea el período en que se logran integrar más cosas. El adolescente y el joven desea conocer, probar (probarse) y tener todo al mismo tiempo. Tiene urgencia de abarcar el mundo y proyectarse en él. Por eso, en las sociedades industrializadas, este proceso sufrió algunos cambios; los niños y niñas se convierten en adolescentes más temprano y por el contrario, la adolescencia se prolonga, lo que obligó a crear una nueva categoría para designar este período, la de "joven adulto", permitiendo que la vida adulta de una persona comience entre los 25 y 30 años.

Al mismo tiempo se enamora, estudia, investiga, escribe poesía, hace política, protesta por la contaminación ambiental, compone música y practica deportes. Hace todo esto a la vez y pasa, también, con gran velocidad de una actividad a otra, de una pasión a otra. Hoy se ocupa de política internacional y mañana se entrega con ardor a la práctica de un deporte, que al día siguiente puede dejar porque encontró "el amor de su vida", que tal vez le dure un par de semanas. Vive muchas cosas al mismo tiempo y a gran velocidad.

Frente a esa realidad nosotros, los adultos, sus padres y profesores, les proponemos que paren a reflexionar con nosotros sobre un futuro lejano y sobre un sólo tema: la vida de familia, el hijo y la sexualidad. No estamos en la "onda" que ellos pueden (o quieren) sintonizar.

Creemos que una posible solución podría ser la de presentar programas dinámicos e integrales, donde el aspecto de sexualidad sea uno más a tratar. Además proponemos que los aspectos de sexualidad sean tratados desde un enfoque de "ganancia".

Un enfoque de ganancia es aquel que le permite al joven gozar y sentir más satisfacción con lo que habitualmente hace, si cumple con el sacrificio de prepararse o estudiar para poder mejorar su rutina.

Quienes practicaron deportes de jóvenes deben recordar con qué entusiasmo y dedicación acudían a los entrenamientos físicos, que generalmente se llevaban a cabo días de semana por la noche, para poder prepararse para "gozar" del partido de fin de semana. Creo que todos sabían que el aporte y sacrifico realizado en los entrenamientos durante la semana se iba a revertir en la "ganancia" que le permitía gozar el juego de fin de semana.

Si a los jóvenes les presentáramos programas de sexualidad vinculados a una ganancia posterior: mejor y más placenteros coitos sin problemas o complicaciones, estamos seguros que tendríamos audiencia.

Insistimos en estas dos variables metodológicas: programas integrados con otros intereses y preocupaciones de los jóvenes, en lugar de programas verticales, aislados y sin marco de referencia; y enfoque de ganancia, en lugar de enfoque preventivo.

Dos variables simples que podrían dar resultado. Solamente se necesita preparación y coraje para ponerlas en práctica.

SEXUALIDAD Y ADOLESCENCIA "LA BUSQUEDA DE UN LUGAR DESDE DONDE ENSEÑAR"

Colaboración: Lic. Luis María Aller Atucha

 

Desde la perspectiva de los adultos, la adolescencia es una etapa pasajera y problemática. Tal es así que cuando se encaran programas destinados a los adolescentes se lo hace no por el bien de ellos, sino con el afán de solucionar problemas o evitarlos. Con este enfoque parcializado se han montado programas de educación sexual y planificación familiar para adolescentes, buscando solucionar "el problema" que la sexualidad de ellos, nos crea a nosotros, los adultos.

No existe, en general, desde la perspectiva de los educadores sexuales, particularmente de los que trabajan en planificación familiar, una preocupación real por el tema de la sexualidad juvenil. Esto tiene una explicación que parecería lógica, aunque no sea aceptable ni la compartamos.

En primer lugar se debe reflexionar sobre el término de "Educación Sexual" cuando se tratan aspectos vinculados a la sexualidad juvenil. "Educar" la sexualidad juvenil parecería querer decir "encauzarla", y lógicamente que se la pretenderá "encauzar" hacia donde los adultos creemos que ella debe ir, que generalmente es hacia la abstinencia o la negación de la existencia del ejercicio sexo-genital temprano.

No obstante son muy pocos los programas de Educación Sexual que han mostrado alguna preocupación por la sexualidad placentera, desvinculada de la reproducción.

La sexualidad juvenil ha sido, durante muchos años, terreno abandonado. Hubo poca o ninguna preocupación por ocuparlo. Quienes primero lo hicieron fueron los planificadores familiares, pero llegaron a él desde la perspectiva del "problema", en este caso, el problema del embarazo precoz. Ultimamente la aparición del SIDA agregó a los adultos un problema más por el cual ocuparse en relación a la sexualidad juvenil.

Cuando un joven busca una relación coital, busca PLACER y no descendencia ni problemas. Nosotros le hablamos de hijos, familia y del SIDA y ellos desean escuchar algo totalmente distinto, por eso el diálogo resulta inútil. En general, suelen ser monólogos de ambos lados.

Ciertas variables deberían tenerse en cuenta antes de encarar programas sobre sexualidad destinados a los adolescentes y los jóvenes. Veamos alguna de ellas.

Adolescencia cultura y sociedad

El concepto de "adolescencia" y "adolescente" es relativamente moderno, apenas tiene algo más de cien años y es un concepto que está en permanente revisión debido a la dinámica del cambio social.

Un adolescente de nuestro tiempo no tiene las mismas ideas, vivencias y expectativas que un adolescente de hace cincuenta o cien años atrás. Un adolescente de un área campesina no tiene el mismo comportamiento social ni sexual que el de un adolescente de la ciudad. El mismo término de adolescente y joven es confuso y no existe acuerdo establecido sobre cuándo comienza la adolescencia, cuándo la juventud y hasta qué edad ésta se prolonga. Todo es vago y confuso; los programas de sexualidad juvenil también lo son.

Claro que es posible establecer, o mejor dicho, adoptar el concepto etario, como el propuesto por la Organización Mundial de la Salud.

En este caso, se consideran pre-adolescentes a los que tienen entre 10 y 13 años. La adolescencia se inicia a los 14 y se extiende hasta los 19 años. La Organización Mundial de la Salud ha creado otra categoría, la de los Jóvenes Adultos, para personas entre los 20 y 24 años. Puede también usarse el concepto americano de "teenager", que comprende la faja etaria de los 13 a los 19 años. En estos casos la edad puede estar definida; el problema no. Si se considera el problema del adolescente solamente desde sus aspectos etarios, las cuestiones que vayan apareciendo tienden a resolverse con el pasar del tiempo, lo que no significa, de hecho, ninguna solución.

No existe preocupación por la sexualidad sana y placentera de los jóvenes porque no existe una real preocupación por la juventud. Una frase de Jorge Luis Borges podría sintetizar el sentimiento generalizado de los adultos hacia la juventud; con su sabiduría e ironía habitual decía Borges que: "...la juventud es un mal pasajero que se cura con el tiempo". Y como mal pasajero, que produce otros males y problemas, especialmente el de los embarazos indeseados, se han encarado los programas.

Los educadores, sean estos maestros, educadores para la sexualidad o planificadores familiares, cuando se han ocupado de los adolescentes, no sólo aplican conceptos y contenidos vinculados a la reproducción y a la prevención de enfermedades sexualmente transmisibles, sino que además ignoran la real situación de la sociedad y cómo ésta gravita y condiciona la actividad sexual de los jóvenes, por ejemplo: la crisis económica, el consumismo, la violencia, la ansiedad por conseguir trabajo y el consumo de drogas. Actúan por encima de ella, en el vacío, como si solamente existiera el embarazo precoz o el contagio de enfermedades sexuales. No se ocupan siquiera de la SST (SALUD SEXUALMENTE TRANSMISIBLE) tan común en los intercambio sexuales entre los jóvenes .

Y como no importa el joven en sí, no importan las circunstancias que los rodean. El consumismo, la violencia, las drogas y la crisis económica que la juventud debe vivir producto de un mundo diseñado y manejado por adultos, parecería no ser responsabilidad de los que trabajamos en esta área de la sexualidad.

Es en ese mundo que le hemos preparado los adultos, en el que las jóvenes y los jóvenes deben integrarse para forjarse un futuro, el que estará cimentado en un trabajo o una carrera; poder conseguir trabajo o poder ingresar en una Universidad, constituyen las principales preocupaciones de la gente joven. La vivencia de su sexualidad es un complemento que, generalmente, resuelve sin mayores complicaciones.

Cuando nosotros nos acercamos a ellos y pretendemos ponerles por delante "el grave problema de la sexualidad juvenil", nos rechazan, porque consideran que estamos alejados de la realidad y la cotidianeidad que ellos viven.

Cuando un joven tiene deseos sexuales los satisface teniendo relaciones coitales o encuentros eróticos sexuales que lo complace. Ellos solucionan ese supuesto problema o carencia, con gran facilidad. Lo que no pueden solucionar es la falta de trabajo o la manipulación consumista que de ellos hacen los medios de comunicación.

Tampoco pueden solucionar la incomprensión y la represión a los que los somete la sociedad en que viven, que se niega a aceptar y escuchar sus razones sobre sus comportamientos sexuales.

No queremos decir con esto que nosotros, los sexólogos, educadores, orientadores y planificadores familiares debamos dejar de lado nuestra labor educativa e informativa en materia de sexualidad y dedicarnos a solucionar problemas laborales, estudiantiles o de incomprensión social. No estamos proponiendo eso, pero tampoco nos parece metodológicamente acertado hablar sobre sexualidad en el vacío, sin integrar en nuestras charlas o clases, el entorno social y cultural en el cual se encuentra el educando con quien pretendemos compartir la enseñanza aprendizaje.

Veamos un ejemplo que puede hacer más clara y precisa nuestra posición. Decíamos que el concepto de adolescencia es relativamente nuevo en la historia de la humanidad y que tiene apenas algo más de cien años. Remontémonos al Renacimiento y pensemos qué tipo de información y educación sexual deberían haber recibido Romeo y Julieta. Luego comparemos si ese mismo mensaje sería adecuado para los jóvenes de hoy.

Antes de comenzar el baile en que Julieta conocerá a Romeo, la madre de ésta le dice que ya es mayor y que debe estar atenta para conseguir marido. Julieta no ha cumplido todavía los 14 años.

Romeo tiene poco más de 16 y se ha batido a duelo defendiendo el honor de su familia, se enamorará de Julieta, tramará una compleja intriga para estar junto a ella, involucrará a un representante de la iglesia para que lo ayude y conseguirá, junto con Julieta, que toda esta situación tenga un desenlace que pudo haber sido feliz, pero que fue trágico, en apenas un día.

En un marco social como el descrito por Shakespeare es ridículo pensar en enseñar a Romeo y Julieta "sexualidad responsable", basada en la seducción del óvulo por el espermatozoide, y la fecundación, anidación, embarazo y parto (como hubiese sido la tentación de más de un planificador familiar o de un educador sexual apegado a la corriente "reproductivista", si hubiesen existido en esa época) y en base a esa historia les hubiesen hablado de los peligros de un embarazo precoz y lo inconveniente (y pecaminoso) de las relaciones sexuales pre-matrimoniales . En la actualidad solucionaríamos un problema como el de Romeo y Julieta con un reto o una prohibición de no ver televisión por un par de días o no ir a bailar el próximo sábado.

Pero la tentación de seguir enseñando sobre fecundación, embarazo y parto totalmente desvinculado del contexto social en que vivimos, perdura en los educadores para la sexualidad.

No sabemos qué tipo de educación sexual se les debía haber dado a Romeo y Julieta, pero seguramente que no era necesario hablarles sobre embarazo precoz, ya que era eso lo que se buscaba con un matrimonio temprano. En estos momentos deberíamos estar más preocupados por hacer entender a la juventud las contradicciones de la sociedad, que por un lado los impulsa a una relación sexo-genital temprana y "descartable" y por otro lado los acusa y los reprime cuando intentan ejercer su función sexual.

Sabemos que la adolescencia se ha prolongado desde la perspectiva social y se ha adelantado desde la biología. Hoy un joven debe esperar muchos años para ejercer su función sexual dentro del matrimonio. De haber nacido en esta época, Julieta no estaría pensando en tener marido hasta alrededor de los 25 años.

Pero su menarca se habría presentado entre los 11 y 13 años. Es decir que entre la maduración biológica y social habrá una brecha de alrededor de 13 años.

En los varones la situación es igual; a los 13 o 14 años estarán biológicamente maduros para procrear y, lógicamente, para mantener encuentros coitales. Pero socialmente, dependiendo de la clase social y de las aspiraciones personales y familiares, no estarán maduros para formar y mantener una familia hasta bastante después de los 25 años.

Las Julietas y los Romeos de hoy sí necesitan ayuda y orientación para vivir su sexualidad en forma sana, placentera y sin consecuencias, esa sexualidad que ve que viven en las pantallas de televisión, cientos de veces al día, los personajes de las telenovelas o de los anuncios publicitarios que, generalmente, preconizan el empleo de una sexo-genitalidad temprana, fácil y descomprometida.

Para los adultos en general y los educadores sexuales en particular, sobre todo los encasillados en las corrientes moralistas y tradicionales, es más fácil negar la realidad que aceptarla. Dentro de esta realidad se inscribe la sexualidad del adolescente, de la que nos acordamos sólo cuando ella nos crea problemas a los adultos, llámense éstos embarazo precoz o enfermedades de transmisión sexual.

Y como para muchos adultos y educadores la realidad es "tal cual debería ser" y no como realmente es, se da por supuesto que los jóvenes no tendrán relaciones sexuales, porque no las deberían tener; por lo tanto, se los deja librados a su propia suerte, sin orientación sobre cómo vivir una sexualidad placentera y sin culpas y, lo que es más grave, sin información oportuna sobre anticoncepción y la forma sencilla de obtener los métodos que necesitan.

Pero se espera que los jóvenes no se embaracen y nos creen problemas. Cuando algo así sucede (y sucede mucho, como ya lo demostraremos) se habla de una juventud descarriada y de pérdida de valores. La ceguera y doble moral de los adultos no tiene límites.

Autora: Lic. Elda Bartolucci

 

Uno de los mayores problemas que afrontan los países latinoamericanos es el aumento de embarazos no deseados en la adolescencia. Esto se desprende del descenso en edad de inicio de la vida genital en los jóvenes, planteado por Blum quien denuncia un incremento de un 10% anual de mujeres con relaciones sexuales a partir de los 12 años de edad.


Está globalmente aceptado que un 50% de los embarazos en adolescentes se producen en los primeros seis meses de su primera relación sexual. También es importante resaltar que el 35% de las madres adolescentes son solteras y que el 50% de las madres solteras son adolescentes. Si añadimos a estos datos que el 60-70 % de estos embarazos no son deseados podemos inferir el altísimo nivel de conflicto que se genera en esas situaciones. La maternidad a edad muy temprana supone una serie de riesgos entre los que se cuentan:

  • Riesgo de muerte y morbilidad tanto en la madre como en los hijos, muy superior a la media. Es habitual que los niños nazcan antes de término y con un peso pro- medio más bajo.

  • Un impedimento para mejorar la condición educativa, ya que habitualmente estos embarazos suelen implicar el abandono de la escolaridad .

  • Limitación importante en la oportunidad de empleos.

  • Disminución de la calidad de vida de las niñas-madres

  • Matrimonios apresurados con altas posibilidades de ruptura antes de los dos años de convivencia.

  • Incremento de abortos a temprana edad.

  • Alto nivel de conflictos psicológicos a nivel individual, de pareja y familiar.

  • Imposibilidad de " hacerse cargo" de otro, por no haber superado la depen- dencia paterna.


En la Conferencia Mundial de Población y Desarrollo celebrada en El Cairo en 1994 se aprobaron políticas dirigidas a garantizar los derechos reproductivos y la salud reproductiva, ya que las complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto figuran entre las principales causas de mortalidad en las mujeres jóvenes de los países en desarrollo.

En todo el mundo el embarazo en la adolescencia plantea grandes obstáculos para el futuro de la adolescente así como para su hijo, en términos de salud, desarrollo y bienestar ( Chilman, 1980; Hayes, 1987; Baldwin y Cain, 1980; Tolbert, 1988). El primer embarazo inicia a menudo una serie de poco espaciados nacimientos que complican aún más las condiciones negativas detonadas por el primero ( Main y Mac Donald, 1984; Population Reports, 1976)

En América Latina y el Caribe, las tasas del embarazo entre los 15 y 19 años oscilan de 74 en Perú a 137 por mil, en Jamaica (Population Reports, 1987)

Es frecuente que los embarazos adolescentes se presenten como un evento no deseado o no planificado, con una relación de pareja inestable , lo que determina una situación de rechazo y ocultamiento de la condición de embarazo por temor al castigo del grupo familiar y social. Ambas situaciones impiden tomar medidas de prevención adecuadas.

Es necesario tomar conciencia de que estos embarazos interrumpen la evolución normal de la adolescencia, ya que se presentan en momentos en que aún no se alcanzó la madurez física ni emocional para poder tutelar a otra persona. .

Una vez producido el embarazo, las posibles soluciones son todas conflictivas. El nacimiento del bebé en soltería, el aborto, el matrimonio apresurado o la entrega en adopción son situaciones que desbordan las posibilidades psíquicas de una madre-niña. No queda otra alternativa que replantearse socialmente la instrumentación de una educación sexual adecuada para poder prevenir estas situaciones.

Autora: Lic. Carmen Secades


El tema es el amor y el momento del despertar sexual en los jóvenes; muchas situaciones no planeadas, no queridas, ocurren en su nombre, en nombre del amor.

La adolescencia es una etapa de cambios fisiológicos y psíquicos. Esta etapa se ha prolongado y según la OMS hoy abarcaría desde los 13/14 años hasta los 29 años. Se ha extendido como todas las etapas evolutivas del ser humano.

Una de las causas es la prolongación de la vida y otra el modelo social, la falta de trabajo, la inestabilidad laboral y los bajos salarios.

En muchas familias hablar de sexualidad, de reproducción es un tema tabú o no se sabe como hacerlo, "de eso no se habla", "me da vergüenza", cuando es el momento, son interrogantes que escuchamos con frecuencia.

Es más fácil hablar de SIDA que de sexualidad, métodos anticonceptivos, o cómo prevenir un embarazo no deseado.

Y como el tema es el amor en su nombre y con amor muchos jóvenes casi niñas se embarazan sin siquiera darse cuenta, y muchos varones no registran, sostenidos por la pasión del momento que están embarazando.

Un hijo no deseado, concebido por una pareja de jóvenes muchas veces no tiene garantizada una vida que le permita crecer sano, acceder a la educación y ser una persona feliz.

La decisión de continuar con el embarazo tampoco puede ser asumida por la pareja en libertad. Son en general las familias de ambos las que según su ideología, creencia religiosa y medios económicos sostienen el nacimiento, el que de llegar a feliz término podrá integrarse a una estructura familiar y será la familia hasta que sus padres si continúan en pareja puedan hacerse cargo.

En otros casos cuando la familia no participa se recurre a la interrupción del embarazo, que puede realizarse en un consultorio de Barrio Norte, con todas las garantías para la paciente, o en una oscura y sucia casa de algún barrio suburbano por alguna partera o señora que sabe y de eso vive.

El número que se maneja en el país con el tema "aborto" es casi igual al de nuestra deuda externa.

Solo es legal y puede realizarse en un hospital público si es autorizado por el Juez en caso de violación o de que la mujer "sea idiota o demente".

Todo ello luego de tramites interminables al cabo de los cuales la joven niña es posible que tenga un embarazo de 4 o 5 meses.

Por amor a la vida de nuestros hijos estas son situaciones que los adultos deberíamos ayudarlos a evitar.

Es necesario que los gobiernos posibiliten la enseñanza de una educación para la salud sexual y reproductiva desde la escuela primaria, para que cuando llegue el momento de gestar un hijo, exista conciencia de que significa procreación responsable, así un acontecimiento que celebra la vida, no se transforme en una experiencia traumática, realizada en un marco clandestino, donde la penalización de la ley es menos que la penalización que sufriría esa joven pareja por un acto de amor.

Todos los hospitales públicos deberían tener consultorios de planificación familiar, donde se explique a los jóvenes los métodos anticonceptivos, todos desde el Oggino Naus y el Billins, aceptados por la Iglesia con su grado de eficacia, hasta las pastillas anticonceptivas o los DIU. Es este un derecho que tienen nuestros jóvenes.

Es un derecho que se encuentra en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas y fue discutido en reuniones de expertos en Salud Sexual y Reproductiva en diversos encuentros en todo el continente.

Pensemos en las generaciones del siglo XXI y digamos sí a la vida.

Ayudemos a crecer a nuestros hijos, estableciendo el marco necesario para que el conocimiento les permita elegir y ser personas mas libres y sanas las que seguramente vivirán en una sociedad más justa.

Digamos si a la vida, de nosotros depende.

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  • ESCUCHANOS TODOS LOS MARTES POR LA MAÑANA EN "MARDEL DIRECTO" TV CANAL 8 En su columna televisiva habitual la Lic. Bartolucci desarrolla diversos temas acerca de la sexualidad humana.  
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